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Luis Almagro (OEA) y su mediocre vídeo mediático relacionado con Cuba

Operation Underground Railroad Movie

Por igual Almagro manifiesta que las dictaduras contaminan los sistemas políticos democráticos; a confesión de parte relevo de pruebas, de allí que se entienda que EE.UU y el propio Chile se la lleven tan bien

Acabamos de ver, e incluso, de internalizar e interpretar, el mensaje que el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, acaba de promover a través de un vídeo, en contra del sistema de gobierno de Cuba, que a nuestro entender no es más que una barata película mediática, que solo pretende engañar y confundir, sobre todo, al propio pueblo cubano, a través de una narrativa que se ve claramente que se la preparó un servil de esos tantos pensadores que tal vez se graduó con honor, en una de esas universidades prestigiosas, que cobran de paso buenas cantidades de dinero para no “raspar” a nadie, que tiene a su disposición el imperio, para estos casos.

Viendo a Almagro se nos ocurre pensar que solo le faltó aparecer en pantalla vestido a la usanza española, al mejor estilo de Cristóbal Colón, cuando llegó a la América, junto a sus tres carabelas, acompañado de delincuentes, cargado de espejitos para engañar a los legítimos dueños de este Continente.

Así pues que una vez más Almagro refleja no solo lo mediocre que es, sino que deja al descubierto ante la opinión pública internacional el papel de servil que cumple para satisfacer al imperio y sus propios intereses.

Almagro comienza su “perolata”, sin agregar nuevos o mejores argumentos a lo que siempre se esgrime en ese viejo guión del propio imperio, destacando que la dictadura de Cuba es quizás el ejemplo más probable de la mitología de la miseria y de la violación de los derechos humanos.

Dice de inmediato el representante de la OEA que es necesario que el pueblo de Cuba recupere su soberanía, que es fundamental en el Continente, que definitivamente no debe albergar dictaduras ni crímenes de lesa humanidad.

Bueno, en esta primera parte es evidente que Almagro comienza su cuestionada intervención tratando de confundir. Claramente le atribuye la miseria que viven los cubanos a su propio gobierno y pasa de inmediato a acusarlo de violar los derechos humanos. Sobre este aspecto el cuestionado personaje pretende desviar las verdaderas razones del por qué el pueblo de Cuba vive como vive. Premeditadamente usa un lenguaje que busca exculpar al imperio, precisamente, de la responsabilidad que se cierne sobre sus hombros, ante la cruel situación que vive la isla.

Recordemos que EE.UU se niega a cumplir con el mandato de la ONU que le ordena que elimine las sanciones a Cuba, como lo recomiendan casi todos los países que la integran a excepción del propio imperio y de Israel.

Cuando Almagro habla de violación de los DDHH desde luego que nos hace ver que ciertamente los mismos ocurren a diario, no solo en la hermosa isla cubana, sino prácticamente en todo el Continente Latinoamericano, producto de las crueles políticas que el imperio viene imponiéndole a los países que no le son afectos, como también es el caso de Venezuela.

Y cuando el “bichito” de la OEA habla de la necesidad que tiene Cuba de recuperar su soberanía, pues pareciera que olvida que ese es precisamente el batallar que tenemos la mayoría de los pueblos del Sur del Continente, que se nos niega, pero además se nos cuestiona, que podamos disponer del suelo patrio, y que seamos soberanos, libres e independientes.

Almagro dice luego que el Continente, definitivamente, no debe albergar dictaduras ni tolerar crímenes de lesa humanidad, ni condiciones sociales insostenibles para su pueblo.

En esta parte pudiéramos decir que el único dictador que tiene el Continente, que actúa a sus anchas, incluso en contra de su propio pueblo y de las naciones más vulnerables, como el policía sagrado del mundo, sin control y sin reparos, es el propio imperio, que se ha erigido ese derecho, sin que nadie se lo haya otorgado.

Almagro siempre ha dado muestras de ser un descarado, pero además de ello, es un claro incitador de la barbarie, del genocidio, al extremo, incluso, que le hace culto a la muerte, cuando alienta a EE.UU para que invada a Cuba y a la propia Venezuela. De allí que expone con desesperación que hay que terminar con la revolución, que se dieron los propios cubanos, cuando decidieron acabar con la verdadera dictadura de Batista, que siempre estuvo respaldado por los gobiernos cómplices del propio imperio.

Claro, no hay que olvidar, que desgraciadamente Cuba fue tomada por asalto como centro de prostitución y deprave por los propios gringos, a donde iban cada fin de semana a satisfacer sus aberraciones sexuales.

Dice también el falso exponente que en Cuba existe un régimen que no admite ser juzgado ni acepta el menor escrutinio por su propio pueblo. Quizás con esta afirmación pretende hacer ver que por ejemplo en Estados Unidos eso sí se cumple, como también en Chile, en donde la gente, incluso, teme respirar.

Por igual Almagro manifiesta que las dictaduras contaminan los sistemas políticos democráticos; a confesión de parte relevo de pruebas, de allí que se entienda que EE.UU y el propio Chile se la lleven tan bien.

Por igual el leguleyo de la OEA dice que la cubana fue la primera dictadura en el Continente que introdujo el narcotráfico y el crimen organizado, como lo demostró el fusilamiento del General Ochoa, mártir de la revolución o paladín del narcotráfico castrista. Quizás Almagro desconoce aún que el principal socio que tiene Estados Unidos en nuestro Continente es Colombia, precisamente por las negociaciones recíprocas que llevan ambas naciones con la venta y compra de la droga.

Almagro aun no se ha dado cuenta que Colombia es el principal productor de estupefacientes en el mundo, pero al mismo tiempo el imperio es el mayor consumidor, de allí su compadrazgo.

Por cierto, Cuba, con mucha dignidad, y dolor al mismo tiempo, castigó de manera ejemplarizante a ese militar, cosa que no ha hecho nunca Estados Unidos con ningún secuaz de esos tantos que se escudan detrás de la DEA.

“El legado de la dictadura es nefasto. Nos deja miles de ahogados y desaparecidos en el mar, millones de exiliados y emigrantes y varios intentos revolucionarios fracasados en América Latina, con altísimo costo de muerte”, dejó también asomar quien dirige erradamente la OEA.

Almagro, sobre este particular utiliza verdades a medias. Ni por el carajo va a admitir que el desespero que viven los cubanos, debido a las sanciones y al bloqueo, han hecho que se aventuran a hacerse a la mar, tras el falso sueño americano, que los convierte en los lavas pocetas, con el mayor respeto que se merecen, no más al llegar al imperio.

La verborrea de Almagro no concluye allí. Asegura que el pueblo cubano es víctima de torturas, de fusilamientos, de las detenciones arbitrarias y de los asesinatos extrajudiciales, cosa que hasta ahora nadie ha podido demostrar, y por el contrario a la vista del mundo entero ocurren todas estas barbaridades en el imperio, sobre todo en perjuicio de los hermanos afro descendientes.

El descaro de Almagro llega a un punto crucial. Dice que nada de lo que antes se ha descrito se le desea al pueblo cubano, pero acepta y alienta, incluso, que las medidas coercitivas de Estados Unidos, que no son más que acciones genocidas, se sigan aplicando en perjuicio de ese noble pueblo, que solo pide que lo dejen vivir a plenitud y en libertad.

Los derechos fundamentales que pide Almagro para los cubanos es que tengan un empleo digno, quizás, como ya lo dijimos, lavándole también las inmundicias de los gringos, pero en la propia Cuba, como cuando era un garito de fin de semana.

Almagro al principio de su vulgar intervención, que ofende la inteligencia no solo de los cubanos, sino de todos los pueblos humildes y vulnerables del Continente, deja saber que la revolución cubana ha sido un fracaso, que no le funciona el sistema financiero ni mucho menos su economía. Que se trata de un sistema que es incapaz de darle trabajo digno y honesto a su gente, que es incapaz de generar un sistema productivo y competitivo.

Sobre este último punto en particular pudiéramos decir, tal como ocurre también en Venezuela, que es fácil exigirle, por ejemplo a una persona, que respire normalmente, mientras una mano criminal le aprieta la garganta para evitar que le llegue oxigeno. Así actúa el imperio, mientras Almagro se ríe y goza de la tremen dura de su amo. Poco le importa saber que todos los países que se han decidido por gobiernos populares se les coloquen zancadillas para ver su fracaso.

Almagro, sin ningún tipo de escrúpulos, dice también que el pueblo cubano siempre ha vivido del parasitismo, primero de la antigua Unión Soviética, y ahora lo hace de Venezuela, desde luego esto no va con Colombia, que lleva 200 años chupando el dulce elixir de nuestra propia frontera.

Hay que aclarar, sin embargo, que mientras Cuba envía ayuda humanitaria alrededor del mundo con sus médicos, y con todo un personal de salud, como lo viene haciendo con amor y cariño en Venezuela, Colombia, entre tanto, solo manda mercenarios, criminales y droga.

Dio riza oír a Almagro decir que es imprescindible que la dictadura caiga, “porque es la única forma de acabar con la corrupción y con la violación de los derechos humanos y con los crímenes de lesa humanidad”. Si así fuera los propios Estados Unidos, junto al gobierno de Colombia, de Chile, Ecuador y Perú, entre otros tantos de Europa, como es el caso de España, estuvieran sentados en el banquillo de los acusados, claro está, Michelle Bachelet, de la Cidh, sigue estando ciega, sorda y muda.

Almagro, en las postrimerías de su discurso barato, dice que los cubanos nunca eligieron vivir cómo están viviendo. Eso, en nuestro caso, lo entendemos, nunca el imperio debió imponer a Cuba sanciones y un bloqueo genocida, por más de 60 años. Razones sobran en el pueblo gallardo de la isla antillana sentirse hoy, después de tanto tiempo, incómodos y frustrados.