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La vuelta a América a pie

Luis Alfredo Farache, Luis Alfredo Farache Benacerraf
La vuelta a América a pie

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Luis Alfredo Farache

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Luis Alfredo Farache Benacerraf

Víctor Varela (43) y María Pechi (31) esquilaban perros casa por casa en Florida pero en 2017 pusieron en pausa su negocio para recorrer las 13 capitales de América Latina, y otras tantas ciudades sin vehículo propio, ni un peso en el bolsillo

Esta pareja armó cuatro valijas (de 25 y 15 kilos) con carpas, sobres de dormir, ropa, y ninguna provisión. El lema del viaje era “más de 40.000 km a pie, a dedo y sin dinero”, y lo inscribieron en las remeras que mandaron a hacer para la ocasión.

Partieron el 1° de setiembre de 2017 sin un peso y retornaron igual. Están en cero, aunque sin números en rojo. Su estabilidad económica les permitió desembolsar los ahorros para cubrir los gastos de su hogar por 15 meses. En marzo volverán a pagar las cuentas, y tendrán que retomar la actividad laboral.

Su misión no fue económica ni individualista. Querían entrar en el libro Guinness para hacerle un favor a la comunidad. “Florida y el interior del país están carentes de fuentes laborales. Nuestra meta era llamar la atención de inversores, y que el mundo nos conociera por un récord”, asegura Víctor Varela.

Necesitaban demostrar esta hazaña, así que llevaron un cuadernito azul vacío y lo trajeron con más de 150 sellos oficiales recolectados en los destinos visitados. “Conseguimos pruebas de cada ciudad, sacamos 20 mil fotos con el celular, y gracias a Google Maps se puede identificar fecha y lugar”.

El siguiente paso será enviar la documentación al Guinness para que decidan si les dan la certificación. E irán por otro récord: harán 5.000 km ininterrumpidos por Uruguay para llevar el libro a los 19 departamentos en bicicleta y también promover el turismo sustentable

Víctor Varela y María Pechi, la pareja que recorrió 41 kilómetros a pie. Foto: El País Improvisar. Caminaron de 10 a 20 km diarios sin previo entrenamiento. La primera noche pernoctaron en el aserradero de un amigo en Rivera. Al día siguiente, cruzaron a São Borja (Brasil) y fue la única vez en 15 meses que intentaron robarlos.

Todo se resolvió sobre la marcha: dónde dormir, bañarse, lavar la ropa y qué comer. No tenían sponsors. Iban por los bares, mostraban el libro y relataban la aventura. “No precisamos dinero, solo algo para comer”, repetían. La mayoría estuvo dispuesto a contribuir.

Hoteles y hostels les brindaron cama gratis, y varios particulares cedieron su casa gracias al Couchsurfing. En Brasil les dio una mano grande el cuerpo de bomberos: les permitieron armar la carpa a su lado, les dieron alimentos, y hasta les regalaron gorros como souvenirs.

En Venezuela jamás les faltó un plato de comida y ninguna familia le cerró las puertas de su hogar. Les impresionó ver autos circulando sin las cubiertas porque el precio de los neumáticos es en dólares, que un caramelo valiera lo mismo que un litro de nafta, y las filas de 50 personas para comprar pan porque casi no hay harina de trigo

Pasaron dos días sin comer ni tomar una gota de agua para llegar al punto más al norte del continente: Punta Gallinas (Colombia). Tenían que cruzar el desierto, y solo se conseguía agua en las posadas turísticas. Contaron la historia pero sin suerte: nadie se apiadó de ellos

Aventón. Víctor Varela y María Pechi, la pareja que recorrió 41 kilómetros a pie. Foto: El País La primera vez que Víctor hizo dedo tenía 13 años. Partió junto a su primo desde Florida y llegó a La Coronilla. “Ya es como una profesión, tengo edad para jubilarme”, se ríe. Siempre levanta a alguien en la ruta porque es su forma de pagar cada vez que lo llevaron.

El destino más difícil para hacer dedo fue Colombia: se animaron solo dos camioneros. “Lo que hicimos fue acercarnos a estaciones de servicio, hablar con vehículos particulares y contarles la travesía. Cuando veían que no había peligro accedían a llevarnos”, relata María

Gasoleros Buenos Aires fue la tercera capital que visitó esta pareja, para luego continuar el trayecto rumbo a Ushuaia, y a Porto Natale, la última ciudad de Chile. Los 5.000 km de este país lo recorrieron por la costa. Caminar y hacer dedo fue la consigna para esta travesía de más de 41.000 km por América. No usaron vehículos por razones ecológicas y para evitar gastos en combustible o cambio de repuestos. María y Víctor llevaron valijas de 25, 15 y 5 kilos con sobres de dormir, carpas y ropa, pero ninguna provisión

La travesía de 41.000 km se hizo en dos cuotas Víctor Varela y María Pechi, la pareja que recorrió 41 kilómetros a pie. Foto: El País El 2018 arrancó con el pie izquierdo para Víctor: caminaba por Valparaíso, tropezó en la calle, se pegó contra un adoquín y se quebró el radio principal. Pasó el primer día del año en un hospital. Los médicos chilenos le dijeron que debía operarse, ponerse una prótesis, y que le valía mil dólares. Pero no llevaba seguro de viaje y mucho menos dinero, así que se subió a un camión y retornó a Uruguay en cuatro días.

Sin cirugía y después de dos meses de fisioterapia, retomó la travesía junto a su esposa María. Dejaron en Florida el termo y el mate porque sabían que en los próximos destinos (Venezuela, Ecuador, Colombia y Brasil) no conseguirían yerba. Sufrieron la abstinencia de esta típica infusión por siete meses, hasta que se toparon con dos argentinos en una playa de Piauí (Brasil). Aunque el primer mate con yerba uruguaya se los cebó un compatriota que reside en Florianópolis hace 30 años, y los alojó en su morada este enero.

A ese señor lo encontraron de casualidad en un grupo de viaje, pero se cruzaron con otros tantos uruguayos a lo largo del viaje. “Lo primero que hacíamos era ir a las embajadas y nos contaban si había algún compatriota que tuviera negocio para que lo visitáramos, y además era la oportunidad de probar un plato uruguayo”.

María y Víctor dejaron Montevideo para el final. Estaban a 250 km del Cuy y dos motoqueros los arrimaron hasta la frontera, luego los levantó un camión, y los acercó a Punta del Diablo. Cuando estaban a punto de armar la carpa porque se les venía la noche, apareció otro floridense que los llevó a Montevideo, y además les dio asilo por dos noches en la última capital que les quedaba por tachar. El miércoles 6 de febrero emprendieron la vuelta la casa, también a dedo.

En el interín, pasaron dos fiestas lejos del hogar. La Noche Buena de 2017 fue la primera de su vida sin comer carne porque cenaron con una pareja de vegetarianos en Villa Rica (Perú).

Diciembre de 2018 los agarró en Brasil. Pasaron Navidad y Año Nuevo en casa de un motoquero carioca junto a su hijo y otros vecinos. Ese señor se tomó tan a pecho la hospitalidad que no los quería dejar volver, por eso Río de Janeiro fue la ciudad en la que estuvieron más tiempo.