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Abel Resende Dayan //
Siria: la “gran batalla” no estaba allí

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Rebeldes sirios en Manbij (Reuters) No es sorprendente que la guerra civil siria y otras guerras por el poder que estallaron al interior de su territorio hayan sido el foco de la atención del mundo durante los últimos años. De hecho, Siria es un país clave en la región y lo que suceda allí también afecta a los países vecinos con implicancias directas en el equilibrio de otros conflictos de las regionales, incluido el conflicto palestino-israelí, y desde luego, ha impactado profundamente en la sangrienta confrontación al interior del Islam entre chiítas y sunitas. Por un lado, Siria ha sido un escenario en el cual los principales jugadores de la comunidad internacional participaron de una u otra forma en el conflicto. Por otro, las energías internacionales y regionales han dado una amplia batalla contra las organizaciones terroristas. También es cierto que la guerra civil siria fue considerada -de forma errónea- uno de los episodios de la llamada “Primavera Árabe” . Lo cierto es que la guerra allí ha sido una crisis profunda que dio origen a una situación sumamente difícil para las personas desplazadas y para muchos sirios que emigraron al continente europeo. Sin embargo, la guerra siria fue -y sigue siendo- “una serie de guerras de diferentes intereses y objetivos”, a veces divididos y otras veces entrelazados, donde difícilmente alguno de los contendientes pueda proclamarse único ganador. Incluso la intensidad de la confrontación ha llevado a muchos políticos y analistas a ir más lejos en sus análisis y preocupaciones, y varios indicaron que Siria como se la conoció ya no existía más, lo cual y pese a la fractura sectaria y religiosa del país no adquiere una dimensión total y correcta de la realidad. Muchos pensaron que la “gran batalla” que estaba teniendo lugar en tierra siria dispararía resultados que determinarían el equilibrio de las potencias internacionales y regionales, especialmente después de que Moscú se convirtió en un gran jugador a través de su intervención militar en favor del régimen sirio. No obstante, una lectura de los últimos hechos políticos emergentes de la crisis han enviado un claro mensaje de que esto podría no ser así. También existe preocupación en que las principales energías intervinientes en Siria desencadenen una crisis similar a la de los misiles cubanos de principios de la década de ´60, cuando Estados Unidos y la ex-Unión Soviética estuvieron al borde de una confrontación nuclear. Nada de eso sucedió y difícilmente ocurra. No obstante, un análisis desapasionado y realista -que no subestime el tamaño de la crisis siria y su tragedia- debe considerar que este conflicto aún no ha terminado, aunque si se han aclarado algunas líneas generales de sus resultados. Es innegable que esos resultados dejarán su huella en la propia Siria y en las relaciones con algunos países vecinos. Sin embargo, debido a su naturaleza dual, tanto interna como regional, es necesario tomarse un tiempo antes de declamar un listado completo de pérdidas y ganancias. El bando más fuerte en una guerra de las características del conflicto sirio no es necesariamente el más capaz de asumir la reconstrucción. Los cálculos de los poderes intermedios no siempre son consistentes con los de sus aliados locales. Además, la lógica que prevalece en el tiempo del miedo no es la misma que la de los días normales. También hay quienes creen que es imprudente celebrar la presencia militar de un bando u otro en suelo sirio; porque no se sabe si el pueblo sirio aceptara alguna tutela, ni ha expresado aún su deseo de coexistir con banderas que no sea la suya en su propia tierra. Bombardeo en Idlib, Siria Es innegable que la crisis siria le brindó a Vladimir Putin la oportunidad de mostrar al mundo que una nueva Rusia nació internacionalmente y que Occidente debería olvidar a la Rusia vulnerable del post colapso soviético o al complejo afgano tras el desastre militar sufrido por Moscú allí, que fue similar al viejo nudo de Vietnam para Estados Unidos. Sin embargo, uno debe recordar que Rusia estuvo presente en Siria antes de intervenir y que por el lado de los Estados Unidos, tanto Barack Obama como Donald Trump, consideraron que ganar en Siria no merecía gastar miles de millones de dólares y la sangre de soldados estadounidenses. Washington actuó sobre la base de que el despliegue del ejército ruso en Siria no constituyó un golpe de estado contra el equilibrio de poder de la comunidad internacional. Estados Unidos no consideró los combates en Siria como la última o la mayor batalla. En Washington, hay quienes creían que Siria se convertiría en una carga para el vencedor, porque este último sería prácticamente responsable de la reconstrucción del país más allá de su participación en los beneficios. Lo mismo puede decirse de los actores regionales. Irán ha contribuido a través de sus asesores y milicias para evitar que el régimen sirio fuera derrocado, ahora tiene presencia militar sobre el terreno en suelo sirio, y quizás también dentro del propio tejido político y social sirio. Pero hay que señalar que Siria antes de la guerra ya era un aliado de Irán. En consecuencia la pregunta que surge es “si el problema del régimen iraní está en Siria o dentro del mapa iraní”. El problema de Irán es principalmente económico, agravado por el cuadragésimo aniversario de una revolución atascada en un sistema de gobierno de leyes teocráticas, con la continua negativa de los tomadores de decisiones a elegir y convertir a su país en un estado inserto en el mundo o en uno fuera de la ley y de la comunidad internacional. Turquía también amplió su presencia en suelo sirio citando la amenaza kurda para su seguridad nacional. ¿Pero está dentro del territorio sirio el problema de Turquía, o es una excusa para permanecer dentro del mapa sirio? ¿Tiene Turquía una economía como para soportar un papel regional importante? En Londres, diplomáticos y expertos creen que las guerras de lugares estratégicos en el mundo han perdido gran parte de su importancia anterior. Muchos creen que la “gran batalla” no será librada por flotas o intervenciones militares. El mundo ha cambiado. La gran batalla se está desarrollando en la acalorada carrera económica. La batalla se libra en empresas gigantes, universidades y centros de investigación, las armas relevantes ya no serán solo las militares sino las herramientas de innovación, la creatividad y la excelencia educativa. Las batallas están determinadas por las cifras de ventas, las inversiones y la competitividad. De lo que hay que hablar hoy es de los resultados iniciales de la “gran batalla” real, la que continuará en los próximos años entre cinco bloques económicos influyentes: China, Estados Unidos, India, Europa y Rusia. Aquellos que no comprendan que esta carrera implacable no ira solamente por el lado de las batallas militares se verán seriamente afectados por una combinación de factores como lo son: la educación, la tecnología, la población, la economía en general y la capacidad militar. En este contexto, es que muchos apuntan a un posible declive japonés bajo el peso del envejecimiento de su sociedad, y también a la falta de elementos necesarios para que Brasil y Sudáfrica ingresen al club de los Cinco, incluido el tamaño de la población. En la actualidad, la “gran batalla” está ocurriendo entre las grandes economías y corporaciones gigantes. Es por eso que los observadores dependen de la guerra comercial entre China y Estados Unidos y de la batalla de los servicios de Internet de quinta generación. El presidente Trump lo comprendió claramente cuando decidió el retiro estadounidense de la guerra siria. Esto explica las preocupaciones estadounidenses y occidentales sobre la empresa china Huawei, la segunda compañía de telecomunicaciones del mundo. Este tipo de compañía es capaz de causar más daño a un Estado que cualquier ejército de los más poderosos de mundo. Estamos en un mundo nuevo, nos guste o no. Lo que estaba sucediendo en suelo sirio era importante, pero la “gran batalla” no estaba ni nunca estuvo allí. MÁS SOBRE ESTE TEMA: Irán vislumbra una gran oportunidad de ampliar su maquinaria de guerra en Siria