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Los guardias civiles que salvaron a una familia: "Nos gritaban y hac�an luces para que los rescat�ramos"

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El agua llegaba a la altura de la puerta del todoterreno de Sergio Mantas y Nora P�rez , agentes de la Guardia Civil que acudieron al aviso de riada en Sant Lloren� sin saber qu� se encontrar�an. “Todo era agua y barro, coches flotando, muebles y materiales por las calles. Me qued� en shock “, reconoce Nora, de 28 a�os y reci�n salida de la academia de la Benem�rita aunque con nueve a�os de experiencia en el Ej�rcito . Su compa�ero, de 34 a�os, tampoco ten�a un precedente as� en su hoja de servicios: “Como nunca has vivido una situaci�n tan al l�mite no te haces a la idea. Era aterrador. Daba mucho miedo”.

Evaluaron c�mo ayudar, por d�nde empezar sin que el caudal de agua y barro que atravesaba el pueblo los arrastrara. Decidieron avanzar con el 4×4, inestable por las embestidas del agua, pero una opci�n m�s factible que moverse a pie. Oyeron entonces los gritos de Ad�n Heredia , un hombre que, con el agua hasta la cintura, ped�a ayuda desde su casa. Sobre su cabeza sosten�a a su sobrina de tres a�os, y junto a �l estaban un primo adulto y una adolescente de 15 a�os. El nivel del agua crec�a imparable porque la vivienda estaba sometida a la presi�n del caudal por dos calles. La parte trasera daba directamente al torrente que, al desbordarse, ha matado a doce personas hasta el momento .

Los guardias civiles se acercaron con el coche ya anegado. Estaban “sentados en agua”, describe Mantas, cuando Ad�n les pas� de la ventana de la casa a la del veh�culo a la ni�a, a la que Nora abraz� para calmar su llanto desconsolado. El resto fue entrando por la ventanilla del conductor con la certeza de que aquella pareja de agentes les estaba salvando la vida. “Sent�an una mezcla de miedo y alegr�a, pero sobre todo la seguridad de sentirse a salvo”. Sergio y Nora llevaron a la familia a un lugar seguro y, para entonces, Sant Lloren� contaba con la ayuda de compa�eros de Sa Pobla , del GREIM , el GEAS , la Polic�a Nacional , la UME , sanitarios, Protecci�n Civil y gente del pueblo o turistas que sal�an a rescatar a quien lo necesitara.

La pareja de agentes esa noche aprendi� c�mo cruzar un torrente bajo la supervisi�n de un compa�ero ex militar de la UME. “Nos hizo un cable de vida y, acompa�ados de otra patrulla – Rub�n y Sergio -, formamos una cadena humana para llegar a la otra parte del pueblo”, relata Mantas.

Atendieron la llamada de socorro de una anciana atrapada en el tejado de su casa con su hijo y, sin m�s luz que la de una linterna, alumbraban en la noche buscando gente necesitada de ayuda. “�Guardia Civil, �hay alguien en casa? �Est�n a salvo?!”, repet�an con voz firme en cada vivienda. La gente les hac�a se�ales con la luz de sus tel�fonos m�viles, que no ten�an cobertura, pero funcionaban como la bengala de un n�ufrago en mitad del sonido ensordecedor del agua y los muebles y ramas que chocaban contra las casas. “Actu�bamos sobre la marcha. Camin�bamos alumbrando bajo la lluvia. Nos gritaban, nos hac�an luces para que los vi�ramos y prioriz�bamos la urgencia de los rescates”.

Junto a otros compa�eros, Nora y Sergio hicieron una cadena humana y salvaron a once personas -cuatro adultos y siete ni�os- refugiadas en la parte alta de una vivienda en la que hab�an entrado hasta contenedores de basura arrastrados por la riada. A los cr�os, de entre cuatro y siete a�os, los sacaron de dos en dos, uno en cada brazo, hacia donde la corriente fuera menor.

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero

El recuerdo ahora, dos d�as despu�s, todav�a los sobrecoge. “En un primer momento est�s con la adrenalina, es intenso y no piensas m�s all�. Luego te fijas en hasta d�nde ha llegado el agua y empiezas a asimilar la gravedad de lo que ha ocurrido”, relata Mantas. “En alg�n momento s� cre� que no volver�a a casa”, confiesa su compa�era.

Entre el relato de lo ocurrido, Nora y Sergio reciben una visita: la de Ad�n y la madre de la ni�a de tres a�os. Quieren darles un abrazo y las gracias por salvarles la vida en una noche en la que el agua se llev� la de otros con menos fortuna.

Jose Antonio Oliveros